¿Qué mosso d’esquadra disparó a Ester Quintana?

  • La Generalidad mantiene abierta una investigación para tratar de identificar al antidisturbios que dejó sin ojo a esta vecina de Barcelona
  • La sentencia que absolvió a los dos agentes acusados censuró la investigación inicial de los hechos de la Conselleria de Interior
13/11/2016 – 19:26h
Ester Quintana llega al tribunal a declarar

Ester Quintana, en la Audiencia de Barcelona el día que declaró en el juicio ROBERT BONET / ARCHIVO

Un agente de los Mossos d’Esquadra mutiló a Ester Quintana, pero no se sabe cuál fue. El antidisturbios que dejó sin ojo a esta vecina de la Verneda sigue sin confesar los hechos. La Generalitat todavía no lo ha identificado. Este lunes se cumplen cuatro años de la jornada de huelga general en que se produjo la agresión policial a Quintana.

Desde aquel 14 de noviembre de 2012 hasta hoy, la Conselleria de Interior ha cambiado su versión de los hechos media docena de veces, un juez meticuloso instruyó el caso hasta sentar a dos antidisturbios en el banquillo y la Audiencia de Barcelona acabó absolviendo a los agentes por falta de pruebas directas. Una pregunta sigue sin respuesta: ¿qué mosso d’esquadra disparó a Ester Quintana?

Sobre el caso hay más indicios que certezas. La sección tercera de la Audiencia de Barcelona dio credibilidad a la versión de los hechos de Quintana. No obstante, absolvió a los dos acusados ante la duda de si las lesiones fueron provocadas por una bala de goma o un proyectil de ‘foam. Los dos policías que se sentaron en el banquillo siempre negaron ser los autores de los hechos, y apuntaron veladamente a otro antidisturbios como responsable del disparo.

Lo que a día de hoy sí está claro es que el 14 de noviembre de 2012 tres furgonetas de antidisturbios se pararon en la confluencia entre la Gran Vía y el Passeig de Gràcia de Barcelona. Pese a que no había altercados, se produjeron dos disparos y un proyectil policial dejó sin ojo a Quintana.

Hasta aquí las certezas, que dan paso a preguntas sin resolver sobre qué agente y con qué tipo de arma lesionó a Quintana. En este mar de dudas, bajo el punto de vista del tribunal jugó un papel fundamental la deficiente investigación inicial de la Conselleria de Interior, por aquel entonces bajo el mando de Felip Puig. Los jueces reprocharon al departamento no haber dado por buena, aunque fuera de forma provisional, la versión de la víctima. “Se habría obtenido así una mayor información sobre lo realmente acontecido”, señalaron los togados.

Los jueces reprocharon al departamento no haber dado por buena, aunque fuera de forma provisional, la versión de la víctima. “Se habría obtenido así una mayor información sobre lo realmente acontecido”, señalaron los togados.

A diferencia de Quintana, que siempre ha mantenido la misma versión, la primera explicación de los hechos de la Generalitat aseguraba no sólo que la policía no disparó, sino que Quintana se había situado “en la línea de tiro de los alborotadores”. Es decir, que podría haber sido herida por manifestantes. La realidad desmintió a Interior, pues los vídeos demostraron que en el momento de los hechos la situación era de calma y no había disturbios.

De la nula credibilidad que dio la Conselleria de Felip Puig a Quintana derivan otros aspectos de difícil explicación del caso, que también recoge la sentencia absolutoria. Por ejemplo, que los Mossos no entregaran al juez la pistola de balas de gomas del agente imputado hasta febrero de 2013 –tres meses después de los hechos. O que la policía encargara investigar lo sucedido al subinspector imputado.

Tras desmontarse cada una de las cinco versiones que dio Interior, la conselleria admitió la autoría policial de las lesiones de Quintana y la indemnizó. El departamento no ha concretado en estos años qué agente y qué tipo de arma lesionó a Quintana. Todo ello pese a que los Mossos no han cerrado filas y destacados mandos han advertido que el agente culpable “se está escondiendo”.

La sentencia judicial también reprocha a Interior que los GPS con los que van equipados todas las furgonetas antidisturbios no pudieran determinar “de una forma concluyente e inequívoca” el lugar exacto donde se detuvieron las lecheras. Este punto resulta fundamental, ya que impide validar la hipótesis alternativa insinuada por los agentes absueltos: si la furgoneta Drago 414 adelantó o llegó a estar en paralelo a la de los acusados (la Drago 40), situándose así a tiro de Ester Quintana. “Cuando de una furgoneta nadie se acuerda de nada, pues hombre…”, dijo durante el juicio el subinspector absuelto, en referencia a la 414.

¿’Foam’ o bala de goma?

Las versiones de los agentes de las furgonetas sobre su posición son distintas, pero sí coinciden en una cosa: que no dispararon a Ester Quintana. Interior, que mantiene abierta una investigación abierta sobre el caso, tiene apartados de los antidisturbios a los agentes de la Drago 414 por ocultar información.

Los acusados de la Drago 40 dijeron que sólo dispararon salvas. En el juicio, el cabo de la Drago 414 aseguró que no dispararon en ningún momento en la zona donde estaba Quintana y que, además, el escopetero de balas de goma no llegó a bajar de la furgoneta ya que le dolía la espalda. Por contra, la última tesis de Interior apuntaba a que algún agentes de la 414 realizó una salva (disparo sin proyectil).

El tribunal consideró que “lo más probable” era que una bala de goma hubiera golpeado a Quintana, pero no descartó del todo la hipótesis del ‘foam’. Si fue este último proyectil, la conclusión a la que llegaron tanto el tribunal como los peritos resulta preocupante. A diferencia de la bala de goma, el proyectil de ‘foam’ no rebota contra el suelo, por lo que solo puede producir el tipo de lesiones que sufrió Quintana cuando el disparo se realiza apuntando directamente a la cara de la víctima.

Aunque no pudo acreditar quién fue el culpable, el tribunal sí dejó claro que el caso de Quintana es un ejemplo de mala praxis policial. En concreto, la sentencia señala que no se respetaron los protocolos que prohíben disparar hacia las partes superiores del cuello, hacerlo a una distancia menor de 50 metros –el disparo a Quintana se produjo a 30 metros de ella– y con una perceptiva autorización previa.

“Los agentes sabían que estaban incumpliendo los protocolos y no podían desconocer que las instrucciones tienen por objetivo evitar sucesos tan lamentables como el que ha provocado en Ester Quintana unas lesiones y secuelas que sin duda le van a seguir afectando de forma permanente a lo largo de su vida, impidiéndole o dificultándole la realización de múltiples actividades a las que los demás tenemos un fácil acceso”, concluyeron los magistrados. Cuatro años después, el policía que disparó a Quintana sigue sin confesar y sin ser identificado.

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