Ester Quintana, el triunfo de la dignidad

En el caso de Quintana los testimonios, muchos en vídeo, eran demoledores. Los informes médicos también. Pese a ello, el conseller Felip Puig y la cúpula de los Mossos se empeñaron en negar los hechos

Teresa Manubens, Ester Quintana i Pau Poch moments abans de començar la projecció als Cinemes Girona / ENRIC CATALÀ

Ester Quintana momentos antes de empezar la proyección del documental que relata su caso / ENRIC CATALÀ

El  pago por parte de la aseguradora de la Generalitat de una indemnización a Ester Quintana significa el reconocimiento de su condición de víctima de una bala de goma disparada por los Mossos. Ester Quintana resultó herida tras la manifestación de la huelga general de 2012. Desde el primer momento todos los indicios indicaban que había perdido el ojo debido al proyectil. Los testigos de los hechos lo decían y los médicos que la atendieron no tenían ninguna duda. A pesar de ello el entonces conseller de Interior,  Felip Puig, y la cúpula de los Mossos lo negaron ante los numerosos medios que daban por buena su versión y en el Parlament. Eran los tiempos de la ‘mano dura’, del desalojo del 15-M de la Plaça Catalunya a golpes de porra. Tiempo de presumir de ‘ley y orden’.

Pero los tiempos habían cambiado. Y algunos medios de comunicación comenzaron a plantear dudas en frente de la ‘versión oficial’. Y el entorno de Ester Quintana se movilizó. Primero eran unos pocos. Pero la mancha de aceite de la protesta fue creciendo. Por encima de todo, la protesta tenía delante a Ester Quintana, que ya no se sublevaba contra la injusticia que había sufrido, sino que luchaba por su dignidad y por la verdad de los hechos. No sólo había sufrido una gravísima amputación, la pérdida de un ojo, sino que las autoridades le negaban la verdad.

Los periodistas sabemos que siempre hay diferentes versiones de la verdad y que, como máximo, podemos aspirar a la honestidad para conocer con la máxima fidelidad los hechos. Es lo que podríamos llamar la aspiración de conquistar la veracidad. A menudo necesitamos el paso del tiempo, la confesión de los protagonistas o largas investigaciones para acercarse a ellos. Pero en el caso de Ester Quintana los testigos, muchos grabados en vídeo, eran demoledores. Los informes médicos también. Y aún así, el conseller Felip Puig y la cúpula de los Mossos se empeñaron en negarlo. En robar la dignidad de Ester Quintana. A quien en su condición de víctima le añadían la incredulidad. Nunca, cuenta ella, la Generalitat la escuchó.

Por tanto, la lucha de Ester Quintana era una cuestión de dignidad y de verdad. Esta fría cifra de la indemnización tiene una carga simbólica extraordinaria. Es su victoria. De ella y de toda aquella sociedad que se movilizó a su lado. Porque los tiempos habían cambiado, y la agresión que sufrió Ester Quintana ya era insoportable. Seguramente Felip Puig pensó que pasaría como en los otros seis casos de víctimas de balas de goma. Que después de las primeres reacciones de indignación, el caso se olvidaría. Pero no pensó que una parte de la sociedad ya no estaba dispuesta a tolerar viejos abusos y que quería, tal como sucedió, que se prohibieran las balas de goma. Y que Ester Quintana estaba decidida a luchar por su dignidad, y por la verdad, hasta el final.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s